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Prensa

         

          TIEMPO DE BUSQUEDA

 

     “En él se conjuga más que nunca la faceta de compositor, su fuerte, con la de intérprete que, sin llegar a la pura improvisación, puede tomarse las libertades que le venga en gana con su propia obra.

...Este nuevo trabajo muestra a Unzu en plena madurez, más ocre y abstracto, con un lirismo menos explícito que en sus trabajos anteriores. La guitarra es un instrumento noble como pocos: nunca miente, no puede decir más que lo que le pidan las manos que tañen sus cuerdas. Angel Unzu parece más desinhibido y desgarrado, más enérgico, con menos reparos en hablar en voz alta a través de su música. Con una técnica riquísima, trabajada a base de vocación, desprovista de cualquier atisbo de exhibicionismo, Unzu sorprenderá y encandilará a los enamorados del instrumento. Y quienes aún consideren esta caja de madera con seis cuerdas una herramienta limitada, descubrirán su error: la versatilidad de timbres, armónicos, sonidos no afinados que Unzu extrae de sus guitarras es inaudita.

Este es un nuevo Ángel Unzu y como siempre ha ocurrido, el nuevo Ángel Unzu es el mejor hasta la fecha.”

                                                                                                 Fernando Ortiz de Urbina (crítico musical)

 

Ángel Unzu vuelve al objeto de su primer disco, la guitarra sola. Tiempo de búsqueda es un título muy indicativo de lo que nos vamos a encontrar: una ambiciosa exploración de las posibilidades de la guitarra.  Unzu integra su virtuosismo de digitación, pulsación y percusión en composiciones muy libres que abren un amplísimo campo sonoro. Las influencias estilísticas aparecen aquí y allá, fundiéndose con ambientes inesperados, y en general predomina, a pesar de curiosos arranques experimentales (como el de Colores), un aire reflexivo y sosegado. Un disco muy recomendable para los aficionados a la guitarra más inquietos, y en general para los que sienten la atracción de lo inexplorado.

                                                                                                  Leo Sánchez (Cuadernos de Jazz, 2011

 

 El tercer disco del guitarrista Angel Unzu es el mejor de sus trabajos hasta la fecha.

En este tiempo Unzu se ha convertido por derecho propio en uno de los productores y arregladores más demandados en la música vasca.
No deja de resultar paradójico que en este disco, donde nos encontramos con un músico muy seguro de su toque y mucho más suelto en la presentación de su música, que es capaz de sacar a sus guitarras sonidos poco habituales, lo que al menos viene a demostrar que ha trabajado seriamente en el desarrollo de las potencialidades musicales de su guitarra; se llame “Tiempo de búsqueda”, pues más bien habría que hablar de tiempo de encuentros.

Los nueve temas del disco son todas creaciones del propio Unzu, y en ellas se notan sus muy diversas y distintas influencias, que van desde el jazz al folk pasando por la música clásica y el flamenco. Y es que está claro que este guitarrista no se cierra a ninguna influencia que le pueda servir a su trabajo.
“Tiempo de búsqueda” es un disco que intenta ir más allá de lo que habitualmente se entiende como un disco de guitarra, intentado llevar las posibilidades de su instrumento hasta sus límites, y para ello no necesita recorrer el mástil como si en ello le fuese la vida, tal y como hacen, de manera cada vez más artificiosa, muchos guitarristas.

Este es un disco que hará las delicias de todos aquellos a los que les guste la música comprometida
.

                                                                                                             Manuel Pérez Rey (Distritojazz)

 De "alto riesgo" puede calificarse el recital solista de guitarra a cargo de Angel Unzu como presentación de su último disco, "Tiempo de búsqueda".

Porque es todo un reto, bien adobado de valentía, el enfrentarse a una audiencia indiscriminada con el único bagaje de un par de guitarras acústicas, mínimos recursos pregrabados y algunas pequeñas percusiones adicionales (muchas de ellas extraídas del propio instrumento de cuerdas). Y todo ello durante una hora y media monográfica y exhaustiva.
Como excelente músico que es, Angel supo solventar el envite, y salió airoso del mismo. Dotado de una excelente técnica y de un gran conocimiento de la música contemporánea, Unzu citó al brasileño Egberto Gismonti como una de sus grandes influencias. 

Es un intérprete versátil y de gran amplitud de miras, que lo mismo gusta y degusta del buen "folk" que de la improvisación jazzística, o de aproximación a los más imprevisibles sonidos de la investigación pura y dura.
 

Unzu interpretó buena parte del material contenido en el disco pasando de lo melódico y lírico a lo impresionista o puramente lúdico (juegos con los trastes de la guitarra, ruiditos sobre la madera, incluso una pelotita de ping pong que rueda...), y adobó toda la actuación con presentaciones humorísticas y anti-pretenciosas, con lo que se ganó ampliamente al personal asistente. 

En resumen, el trabajo de un creador en estado de inocencia y con los ojos y oidos bien despiertos ante todo lo que sucede alrededor. Una propuesta artística y estética que, como todas las vanguardias, puede irritar, molestar o sorprender, pero que no puede dejar indiferente. Pero es tan solo una cara de las amplias gamas que Unzu es capaz de ofrecer en el terreno musical.
                                                                                                                          Álvaro Feito (Distritojazz

 

           MELODÍAS DE PIEL

GARA 18 Octubre 2003 Por Xabier Rekalde
El guitarrista navarro Angel Unzu ha publicado su segundo disco después de siete años de carencia y lo ha ido construyendo a peldaños,

en los huecos de inspiración que le dejaban sus sagaces colaboraciones con artistas vascos como Benito Lertxundi, Kepa Junkera, Ganbara, Anje Duhalde, Amaia Zubiría, Iñaki Salvador o Tanttaka. Es una obra que contiene piezas concebidas para ser degustadas en la proximidad, en el plano corto de la pequeña formación, y frescos orquestales cargados de referencias, que revelan el heterogéneo universo musical que alimenta sus ideas. Es un álbum complejo pero inmediato que, como él dice, está dirigido a la piel.
Es uno de los guitarristas más lúcidos de la segunda generación de músicos libres que han comenzado a abonar los escenarios de Heuskal Herria después de la gran sequía cultural del franquismo. Es un instrumentista curtido en todos los frentes, que tiene una sensibilidad jazzística primordial y un punto de vista sobre la creación musical que no consiente acotaciones.
Todas estas virtudes, todos los rasgos de su inspiración, han quedado registrados en este segundo fonograma de Angel Unzu, que acaba de publicar Elkar en su sello Laida, después de varios años de hibernación en las gavetas de sus sueños, y de una lenta manufactura que ha padecido varios abandonos durante más de un lustro. Es la confirmación de una inteligencia instrumental anunciada en el primer disco, 13 solos, que editó Jazzle en 1996, enriquecida ahora con las ideas orquestales y rítmicas que han ido germinando en su cuidada experiencia como arreglista y director musical.
Melodías de piel es el título expresivo que aparece en la portada de esta obra que contiene diez escenas sonoras diferenciadas, pero construidas con el mismo aliento y el mismo tejido inspirador, a pesar de que utilice herramientas y colorantes distintos para cada recorrido. Hay tres canciones desplegadas por su guitarra en soledad completa; otras tres han sido armadas por fecundas confabulaciones de dúo o trío; y las cuatro restantes han nacido con un ropaje orquestal que aquí llevan el cuarteto de curda Alos, el quinteto de viento Boskoitz y la orquesta Et Incarnatus.
Para las costuras instrumentales más próximas y más libres ha recurrido a algunos viejos amigos y artistas de compromiso paralelo, el contrabajista venezolano Julio Andrade- que también utiliza el cuatro-, al percusionista Iñigo Egia, al flautista Iñaki Garmendia, al clarinetista Emilio Chirivella, al también contrabajista Gonzalo Tejada y al pianista Iñaki Salvador, que en esta ocasión toca exclusivamente el vibráfono. El propio Unzu es el responsable de las signaturas adjudicadas a la mandolina, la guitarra de doce cuerdas, el bajo eléctrico o la guitarra sintetizada; y naturalmente de todo el itinerario protagonizado por la guitarra de cuerdas de nylon.
Hay un brillo sereno y una limpieza infrecuente en la pulsación de este guitarrista, que logra, además, imprimir emoción a la textura de sus argumentos, con la franqueza de su fraseo y la agudeza de sus improvisaciones. El artista juega en campo propio, porque todas las piezas son composiciones suyas, salvo “Memoria e fado”, una lectura personal de la obra de Egberto Gismonti, que le sirve para mostrar como se puede apropiar alguien de un espacio ajeno sin traicionarle.
Lo que ha hecho es una música de varios perfiles en la que muchos verán jazz escrito y ejecutado con la cabeza despejada; y otros, música instrumental de cosechas diversas con aroma y enjundia jazzísticos. Yo veo ambas cosas porque creo que son la misma. Hay rasgos de música incidental en varios temas, y, en todos, una visión independiente y sincera de la música de nuestro tiempo. El resultado es un hermoso objeto discográfico que exhibe las inquietudes y habilidades de uno de los más sobresalientes arquitectos de melodías que ha dado nuestra tierra en la época reciente.